
Teléfonos públicos y buses rojos, taxis negros cuadrados y un muy dorado Big Ben eran las imágenes con las que coloreaba Londres desde Lima. Al llegar, suponía que no tardaría en ver a la Reina, vivir por Nothing Hill y convertir a la lluvia y la neblina en mis quejas favoritas. Para bien y para mal, la ciudad de Jack destripó rápidamente mis expectativas. Por suerte, mi precaria salud mental se reanimó al percatarme que Londres y Lima son muy parecidas: ambas son chicha.
La capital del Reino Unido está dividida en 4. No hay dudas que el Támesis se encarga de partir a la ciudad en Norte y Sur. En cambio, el límite exacto entre Oeste y Este puede desatar un apasionado debate entre dos Londinenses. Dado que a los Limeños nos toma tiempo comprender indicaciones como al “noroeste de X” o al “sureste de Y”, encontré no sólo un buen ayuda-memoria sino una gran fascinación al percatarme que esos cuadrantes son espejos del Planeta. Así, por lo general, el mundo acomodado vive en el Oeste de la ciudad, los obreros en el Este y salvo minorías, la gente vive mejor en el Norte que en el Sur.
Muy similar a la Lima que sobrevive marginada por Miraflores, San Isidro, Surco y La Molina, Londres es mucho más grande e interesante que los 4 distritos que se ven en el cine y la TV. En cualquiera de sus manzanas conviven inmigrantes de distintos continentes. No sólo sus acentos desnudan sus diferencias, también lo hacen su vestir, sus hábitos alimenticios y el trato a sus mujeres.
Para notar esas diferencias no hay como el verano. Así como en Lima no hay mejor safari antropológico que ir a la playa, en Londres no hay como viajar en bus. No es extraño que en este medio de transporte público te encuentres sentado frente a mujeres del más tradicional mundo Árabe junto a desinhibidas Escandinavas. En este triángulo, mis ojos Peruanos se deleitan con la generosidad de la Sueca y se intrigan con la timidez de la Iraní. Probablemente, ésta última juzgue en silencio la denigrante apariencia de su compañera de asiento y mi curiosidad pésimamente disfrazada. Quizá, en la misma línea, la Vikinga se burle tanto de la vestimenta de la Persa –que lo cubre todo– como de las miradas del Inka, que no esconden nada.
A cualquiera que venga de Lima le espera un primer gran shock al comer con gente de otras culturas. En casa somos sumamente drásticos al calificar los modales de los comensales, por lo que comer con las manos es un sacrilegio. De lograr superar las cínicas lecciones de Frieda Holler o la creencia que “no hay como la comida Peruana”, podremos encontrar a refinados Etíopes e Indios que orgullosos te mostrarán cómo mojar el pan en el guiso y llevarte un pedazo de carne a la boca, justo antes de sonreír, saborear y animarte a seguir sus pasos.
Pero lo chicha no sólo salta en la abundancia o carencia de las coloridas prendas de vestir, tampoco en cómo la gente se lleva la comida a la boca. Londres es chicha porque en ella se fusionan de forma aparentemente caótica una muy amplia gama de gustos, ritos y costumbres. Si los niños que viven en ésta ciudad hablan 300 idiomas, ya se imaginarán cuánto pueden variar las idiosincrasias de sus padres. Estoy seguro que las "huachafas" mezclas cuestionarán tu comprensión de lo que significa primer mundo, pues a diario confluyen mendigos con las apariciones públicas de la familia real; el innecesario refinamiento de los académicos con huesos de pollo regados en el bus; la muy lenta burocracia con penosas borracheras adolescentes; además claro de las fusiones en la música, comida y arquitectura.
Quizá la principal diferencia entre ambas formas de vivir lo chicha radica en que Lima incorpora varios aspectos del mundo andino pero rechaza a los andinos, mientras que Londres hace lo posible por incluir a sus forasteros. Si bien no se trata del paraíso de la diversidad y la tolerancia, las leyes son firmes y sus líderes consistentes. Para ello, dos ejemplos concretos.
¿Se imaginan a Castañeda Lossio vistiendo un polo con colores muy similares a los del Tahuantinsuyo y liderando la marcha por el día del orgullo gay en Lima? Al alcalde de Londres se le puede criticar muchas torpezas políticas, como ser socio de Hugo Chávez por ejemplo, pero Ken Livingstone es un verdadero maestro en inclusión social. Además de su activo rol en la defensa de la diversidad sexual, en Julio del 2005 dio una verdadera cátedra en defensa de la diversidad étnica y religiosa. A dos días de las 5 bombas que sacudieron Londres, reunió a los más importantes líderes religiosos y políticos para hacer un llamado conjunto a la paz y resaltar las diferencias entre terroristas y musulmanes. El duelo por quienes fallecieron aquel día fácilmente hubiera podido generar mucha más violencia, pero su mensaje fue sumamente sencillo y efectivo: “7 millones de Londinenses, 1 Londres”.
El rol que juega el Reino Unido en Irak y Afganistán es otra historia. La que les he contado hoy es sobre Londres, de cuánto se parece a nuestra ciudad y de lo mucho que me gustaría que algunos aspectos se parezcan aún más. Tanto en lo positivo como en lo patético, los Peruanos narcisamente creemos que nuestro país es único y que no hay como lo nuestro. Para comenzar a ser consistentes, creo que llegó la hora de incluir a nuestra propia gente.
La capital del Reino Unido está dividida en 4. No hay dudas que el Támesis se encarga de partir a la ciudad en Norte y Sur. En cambio, el límite exacto entre Oeste y Este puede desatar un apasionado debate entre dos Londinenses. Dado que a los Limeños nos toma tiempo comprender indicaciones como al “noroeste de X” o al “sureste de Y”, encontré no sólo un buen ayuda-memoria sino una gran fascinación al percatarme que esos cuadrantes son espejos del Planeta. Así, por lo general, el mundo acomodado vive en el Oeste de la ciudad, los obreros en el Este y salvo minorías, la gente vive mejor en el Norte que en el Sur.
Muy similar a la Lima que sobrevive marginada por Miraflores, San Isidro, Surco y La Molina, Londres es mucho más grande e interesante que los 4 distritos que se ven en el cine y la TV. En cualquiera de sus manzanas conviven inmigrantes de distintos continentes. No sólo sus acentos desnudan sus diferencias, también lo hacen su vestir, sus hábitos alimenticios y el trato a sus mujeres.
Para notar esas diferencias no hay como el verano. Así como en Lima no hay mejor safari antropológico que ir a la playa, en Londres no hay como viajar en bus. No es extraño que en este medio de transporte público te encuentres sentado frente a mujeres del más tradicional mundo Árabe junto a desinhibidas Escandinavas. En este triángulo, mis ojos Peruanos se deleitan con la generosidad de la Sueca y se intrigan con la timidez de la Iraní. Probablemente, ésta última juzgue en silencio la denigrante apariencia de su compañera de asiento y mi curiosidad pésimamente disfrazada. Quizá, en la misma línea, la Vikinga se burle tanto de la vestimenta de la Persa –que lo cubre todo– como de las miradas del Inka, que no esconden nada.
A cualquiera que venga de Lima le espera un primer gran shock al comer con gente de otras culturas. En casa somos sumamente drásticos al calificar los modales de los comensales, por lo que comer con las manos es un sacrilegio. De lograr superar las cínicas lecciones de Frieda Holler o la creencia que “no hay como la comida Peruana”, podremos encontrar a refinados Etíopes e Indios que orgullosos te mostrarán cómo mojar el pan en el guiso y llevarte un pedazo de carne a la boca, justo antes de sonreír, saborear y animarte a seguir sus pasos.
Pero lo chicha no sólo salta en la abundancia o carencia de las coloridas prendas de vestir, tampoco en cómo la gente se lleva la comida a la boca. Londres es chicha porque en ella se fusionan de forma aparentemente caótica una muy amplia gama de gustos, ritos y costumbres. Si los niños que viven en ésta ciudad hablan 300 idiomas, ya se imaginarán cuánto pueden variar las idiosincrasias de sus padres. Estoy seguro que las "huachafas" mezclas cuestionarán tu comprensión de lo que significa primer mundo, pues a diario confluyen mendigos con las apariciones públicas de la familia real; el innecesario refinamiento de los académicos con huesos de pollo regados en el bus; la muy lenta burocracia con penosas borracheras adolescentes; además claro de las fusiones en la música, comida y arquitectura.
Quizá la principal diferencia entre ambas formas de vivir lo chicha radica en que Lima incorpora varios aspectos del mundo andino pero rechaza a los andinos, mientras que Londres hace lo posible por incluir a sus forasteros. Si bien no se trata del paraíso de la diversidad y la tolerancia, las leyes son firmes y sus líderes consistentes. Para ello, dos ejemplos concretos.
¿Se imaginan a Castañeda Lossio vistiendo un polo con colores muy similares a los del Tahuantinsuyo y liderando la marcha por el día del orgullo gay en Lima? Al alcalde de Londres se le puede criticar muchas torpezas políticas, como ser socio de Hugo Chávez por ejemplo, pero Ken Livingstone es un verdadero maestro en inclusión social. Además de su activo rol en la defensa de la diversidad sexual, en Julio del 2005 dio una verdadera cátedra en defensa de la diversidad étnica y religiosa. A dos días de las 5 bombas que sacudieron Londres, reunió a los más importantes líderes religiosos y políticos para hacer un llamado conjunto a la paz y resaltar las diferencias entre terroristas y musulmanes. El duelo por quienes fallecieron aquel día fácilmente hubiera podido generar mucha más violencia, pero su mensaje fue sumamente sencillo y efectivo: “7 millones de Londinenses, 1 Londres”.
El rol que juega el Reino Unido en Irak y Afganistán es otra historia. La que les he contado hoy es sobre Londres, de cuánto se parece a nuestra ciudad y de lo mucho que me gustaría que algunos aspectos se parezcan aún más. Tanto en lo positivo como en lo patético, los Peruanos narcisamente creemos que nuestro país es único y que no hay como lo nuestro. Para comenzar a ser consistentes, creo que llegó la hora de incluir a nuestra propia gente.


5 comentarios:
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hermano, has pasado la prueba con nota sobresaliente!
Cesar,
Tu articulo es lo maximo!!! Lo disfrute muchisimo!! Y como tu me diverti leyendo los comentarios de los bloggers - sobre todo la persona tonta que te corregio la ortografia de "notting hill"!!!
La palabra ''chicha'' puede ser definida,por un Peruano común y corriente,como la fusión de una elegantería exquisita de un pueblo de bajo recursos, no obstante nuestra jerga puede ir más allá de un traslúcido debate cultural donde se podría mesclar nuestra obstentosa ''clase alta'' con una alienada ''mayoría polular'', es por eso que estoy de acuerdo contigo Cesar.
Que buen blog. He escuchado de la diversidad de culturas en London. Me imagino que es muy ajetreado como New York.
Cuando escribes de Woking? Es bueno para familias o es como Londres muy asi a los negocios?
Bueno abrazos!
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